Han pasado y a 10 años desde que empecé a recorrer mi país para vivir de esta actividad. Una década en la que he acompañado a muy diversos grupos de gente que decidieron por uno u otro motivo salir de viaje. Hoy me pregunto ¿para qué viajamos? ¿por qué viajamos? Se que las motivaciones de los individuos pueden ser muy diversas, pero reflexionando al respecto recuerdo algunos casos curiosos que han moldeado mi experiencia para lidiar con la gente.

 

Hay aquellos que deciden coleccionar destinos, que al llegar a un país para “visitarlo” se encuentran contando de todas sus otras experiencias del pasado en este o aquel país, a tal punto que se olvidan que están nuevamente de viaje y que deberían poner sus sentidos en el aquí y ahora para poder enriquecerse de esta nueva experiencia. Son simplemente desesperantes. “La carne de Ecuador no sabe igual a la de Argentina”, comentan, “sabe usted por qué”, comentan, como si eso fuera relevante en la vida.

 

Otros huyen de su mundo. Simplemente no saben lidiar con sus problemas y deciden realizar un viaje para “despejar” su mente y espíritu, pero lo único que logran es, consciente o inconscientemente, transmitir todo su pesar a las personas con las que viajan. Un carácter impredecible que no está nunca feliz con cualquier cosa que ve o hace durante su viaje, ya que su infelicidad se origina en su interior, y porque los otros disfrutan de un momento durante el viaje, decide hacerles la vida imposible. Esto no fuera tan grave si se quedaría allí, pero el guía es quien sufre todos los embates de la locura al final de cuentas.

 

Pocos son los que realmente se interesan en el otro, en ver quiénes son los habitantes del país en cuestión, cómo viven, que hacen, cuáles son sus expectativas del futuro, cómo ven al mundo, al pasado, presente y futuro. Que saben de la sociedad tecnologizada y economía del conocimiento del “mundo desarrollado” (haciendo alusión a cualquier gran ciudad de cualquier país del continente Americano). Comparan ciertamente con su realidad foránea muchas cosas, pero al fin de cuentas, tienen una experiencia que les hace más humanos.

 

Y por último, aquellos que están presentes durante su viaje en las circunstancias, en el momento, viviendo los colores y sabores del viaje, sorteando los “problemas” que se puedan presentar de buena gana sin mayores expectativas destruidas. Viven el viaje y empiezan a través de éste un viaje hacia el interior, se preguntan sobre sí mismos y finalmente pueden a través de la experiencia llegar a conocerse mucho más fuera de su zona de confort, del medio con el cual están familiarizados. Estos realmente viajan. Al final sienten algo de dolor, pues dejan algo atrás que les ha hecho despertar. Se alegran del regreso y están tristes por la partida.

 

¿Cómo viajas tú?

Tags: viajes, psicologa, valores, globalizacin, guianza

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